Amanecer sin Almaraz

Del 21 al 26 de septiembre, Cáceres acoge la reunión anual pronuclear de la Sociedad Nuclear Española. Tras más de 70 años de funcionamiento, la energía nuclear se ha convertido en uno de los mayores errores tecnológicos, ambientales, económicos y sociales de nuestra historia reciente. A pesar de los intentos de ciertos sectores pronucleares y lobbies tecnológicos por mantener esta tecnología a través de mensajes optimistas sobre futuros hipotéticos, la realidad muestra que la energía nuclear ha dejado tras de sí una larga lista de incidentes, altos costes ambientales, económicos y humanos, riesgos para la salud y una producción de residuos aún sin resolver.
Frente a este modelo energético, las energías renovables, las comunidades energéticas locales, la sobriedad colectiva (suprimiendo los consumos inútiles) y las edificaciones pasivas han dejado de ser meras alternativas para convertirse en el verdadero camino hacia un modelo de desarrollo más limpio, saludable, seguro, económico y sostenible.
El libro Amanecer sin Almaraz recoge más de mil incidentes ocurridos en torno a la central nuclear de Almaraz, incluyendo errores humanos, sabotajes, huelgas, protestas y una fuerte oposición social por parte de la ciudadanía extremeña. A lo largo de décadas, la sociedad civil ha denunciado tanto el ocultismo informativo como la ausencia de beneficios reales en términos de desarrollo económico y laboral para la región. Incluso Portugal ha denunciado de manera continua el peligro y el alcance contaminante de los dos grupos atómicos.
El cierre de la central de Almaraz, junto con el resto de instalaciones electronucleares del país, marca el inicio de una nueva etapa: la del desmantelamiento de estas infraestructuras, la restauración integral del sitio y la gestión a largo plazo de los residuos radiactivos. Esta fase implicará importantes retos económicos, tecnológicos, medioambientales y también democráticos, con consecuencias que se extenderán durante miles de años. La eterna gestión de los residuos supondrá inseguridad, enormes costes económicos y, además, una contribución continua de emisiones de gases de efecto invernadero que no siempre se contabilizan en el balance real de esta tecnología.