LA PLANTA Y EL INFORMÁTICO

Pedro Catalan
.- Amo más a las plantas que a los hombres -. Solía decir el genial compositor Ludwig van Beethoven. Esta admiración por el verde natural inspiraría  la originalidad y calidad de  todo su inigualable legado musical. Algo parecido le debió ocurrir a nuestro hombre, Pedro Catalán, cuando  un 12 de enero del 1.993, toma posesión de su nuevo  despacho ubicado en la  tercera planta del ala norte del  Ayuntamiento de Cáceres; allí está, como parte del nuevo mobiliario, una maceta colocada detrás de su sillón; justo en la esquina, al lado de la ventana.
El reto de su trabajo, que ha comenzado nueve años antes, es impresionante; nada más y nada menos que coordinar la informatización todos los servicios del Ayuntamiento de Cáceres.
Las máquinas de escribir van dando paso a los ordenadores; el correo electrónico acelera los pensamientos y el Internet  penetra, captura y nos hace invisibles. El mundo digital comienza a desplegarse, apoderándose de  todos nosotros; los despachos, las  mesas, con sus nuevos paisajes a base de ratones, pantallas, torres, cableados y cables. Surgen nuevos lenguajes y nuevas formas.  Sin embargo, en aquel pequeño despacho el mundo analógico resiste; se hace presente a través de una pequeña planta que, situada  detrás del sillón, en la esquina, al lado de la ventana, ha comenzado a crecer.
Va pasando el tiempo, los años; la planta se estira, escucha conversaciones, observa el trasiego de gentes, la pantalla del ordenador, la toma de decisiones, signos y más signos, nuestro hombre coloca una pequeña mesita al lado de la planta; su familia va en aumento, poco a poco; fotografías de su querida esposa, sus  hijos y los nietos que se van incorporando. La planta intercambia  miradas pícaras con las  fotos de los niños. Crece tanto, que sus ramas dan en el techo. Él la mira y admira. Se siente cómodo con ella, su espalda recibe pequeñas oleadas  de energía positiva  y el oxigeno se hace muy respirable en aquel pequeño hábitat informatizado.
Somos eso, lo que tenemos a nuestra espalda.
Durante estos años la planta ha dado varios hijos que se han repartido entre los compañeros informáticos. La planta, la ventana,  la mesita con sus fotos, el objetivo cumplido de informatizar los habitáculos del Consistorio Municipal; nuestro hombre se siente satisfecho; es un funcionario ejemplar.
Se acerca el día de la jubilación, los dos lo saben; en estos últimos días él acaricia sus hojas con la yema de los dedos. Quiere llevarla al invernadero del Parque del Príncipe, la catedral botánica, para que se sienta cómoda y protegida en aquel paraíso verde, rodeada de dinosaurios vegetales, bajo  los atentos cuidados de los jardineros municipales. 
Así las cosas, el pasado 23 de octubre de 2018, unos suaves golpes en la puerta de su despacho; entran  tres jardineros del Ayuntamiento de Cáceres; el informático, Pedro Catalán, se levanta, observa en silencio,  los jardinero proceden con dignidad y cariño; son conscientes  del momento tan emotivo; cogen la planta entre las manos; pesa y es muy alta. El informático se emociona, sus ojos azules se humedecen, se embadurnan de tristeza; la planta, de la especie Ficus benjamina, se aleja por el pasillo; 25 años juntos. Los jardineros comentan de la humedad que tienen las hojas del Ficus; la planta está llorando.
 
La planta ha llegado al invernadero del Parque del Príncipe; la acaban de depositar en un rinconcito, según se entra a mano izquierda, junto a otras que llevan allí muchos años. Me he acercado a verla; la puerta está entreabierta; hay una cortina de láminas de plástico que sirve de retén para que los pajarillos tropicales que hay dentro no salgan. Oigo algo, me detengo entre la
puerta y la cortina; no veo nada, las láminas de la cortina están muy juntas; escucho:
 
.- Hola ¿ de dónde vienes ?... silencio.
.- Venga , no estés tan triste, aquí todas nos apoyamos,…más silencio .
 
No me puedo aguantar y acerco mi cara a la cortina y con un dedo separo un poquitín sus láminas de plástico. No doy crédito a lo que veo; la Esterlicia, a quien también llamamos Ave del Paraíso, tiene doblado su imponente tronco de más de seis metros de altura; doblado , la veo, con sus últimas hojas muy próximas a la planta que ha llegado. Contengo la respiración, y es que
están muy cerquita de mí. .- ¡ Ohhhhhhhhhh,.! ahora son dos Helechos gigantes, los que doblan sus bellos troncos hacia ella. Me quiero morir, me emociono.
 
.- Pues me han traído de una habitación donde he estado con un señor durante 25 años.
.- ¿Y , has sido feliz ? Si muy , muy feliz.
.- ¿A qué se dedicaba el señor?
.- Pues tenía una pantalla muy grande donde se veían muchas cosas.
.- ¿ Y qué cosas ? Haz el favor de contarnos, que nosotras aquí apenas vemos nada, sólo gente que nos mira, que va y que viene. Oímos cuando la lluvia golpea las placas del techo, el canto de los pájaros nuevos que han traído y poco más; eso sí, hablamos y hablamos mucho entre nosotras .
.- Pues veréis, él siempre ha estado pendiente de mí, desde que era chiquita, he estado colocada siempre a su espalda , en un rinconcito, junto a una ventana. Durante tanto tiempo he escuchado y visto muchas cosas, que apenas entendía, bueno, muchos signos y números de algo que ha revolucionado el mundo y que se llama informática. Me ponía muy triste cuando él no estaba, pero cuando volvía era la planta más feliz del mundo, sobre todo cuando salía con sus compañeros a descansar y dejaba la pantalla encendida, y veía cosas , muchas cosas de otras plantas, de ciudades, de animales, de los ríos , no sé , de cosas que pasaban en el mundo ; yo creo que me lo dejaba en la pantalla a propósito, que lo hacía para mí, para que me sintiera bien.
 
.- ¡ Ahhhhhhhhh ! Cosas que pasan en el mudo.. .- ¡Cuéntanos, cuéntanos ! por favor... 
Retiro mi cara de la cortina, la tengo empapada de lágrimas. Retrocedo muy despacito y salgo por la puerta; necesito aire, respirar. Hoy, con este momento, ha sido uno de los días más felices de mi vida.
Los despachos, los espacios comunes en lugares cerrados, transmiten serenidad y mesura en proporción a las plantas que albergan. Muchas veces “.- el que la riegue otro, o .-“para eso están los de mantenimiento “ ; proporciona a las macetas sufrimientos  terroríficos; se mueren, sobre todo en los periodos vacacionales. Las plantas tienen tanta dignidad que son capaces de prestar su sombra al leñador que las va a cortar. Una de ellas, una, por si sola, es más importante que todo un ejército. Pedro, gracias, muchísimas gracias, mis versos para ti :
 
El verde en tu espalda.
 
Su fronda en tu pensamiento.
Fotografías que se mecen,
al arrullo de su sombra.
Testigo de paisajes informáticos,
de ilusiones y deseos familiares.
Y ahora las distancias,
en la madurez jubilar.
Espacios separados,
unión de tantos años,
sus hojas en tu recuerdo,
tus silencios en su tronco.
Intentaré que su sombra,
espaldada y verde,
sea,… también
la mía.
 
Matías Simón Villares
 

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