Visor al Muladar

Las aves necrófagas cumplen un servicio fundamental en la dinámica de las redes tróficas de los ecosistemas. El primigenio bosque mediterráneo albergaba megafauna que era el sustento de grandes carnívoros o superpredadores como el lobo ibérico. Los restos de los cadáveres abatidos, fundamentalmente ciervos y jabalíes, eran devorados por los grandes buitres, alimoches y otras aves como cuervos y urracas, los cuales, al devorar hasta el tuétano y la materia ósea de los ungulados salvajes – en el caso del quebrantahuesos, desaparecido en Extremadura-  eran un paradigma referencial de un hecho: que en la naturaleza no existe el despilfarro, pues hasta la última traza de materia orgánica es aprovechada por algún organismo vivo.

Los trascendentales cambios que empezaron a producirse en los biomas naturales desde hace siglos, cuando los primeros horizontes de civilización humana comenzaron a aflorar en la Península Ibérica, fueron sustituyendo progresivamente las antiguas masas forestales por espacios adecuados a los usos agroanaderos y agrícolas, transformando el medio natural en paisaje cultural. Los animales de carga y tracción tuvieron un papel crucial en la economía rural, de ahí que sus cadáveres garantizaran la supervivencia de las grandes aves necrófagas hasta que a finales de los años cincuenta del siglo XX, la mecanización del campo expulsó a mucha mano de obra y, progresivamente, fue convirtiendo a las bestias de carga – burros y mulos- en animales que ya no prestaban sus servicios en las actividades del campo.

A partir de este momento, un futuro incierto se cernía sobre varias de nuestras especies más emblemáticas: el buitre negro (Aegypius monachus), el buitre leonado (Gyps fulvus) y el alimoche (Neophron percnopterus) , los cuales hallan en las serranías y cortados extremeños sus principales santuarios en Europa y mundiales en el caso del buitre negro.

Los programas de recuperación de estas especies cuentan, por tanto, con los muladares como espacios relegados a depositar los cadáveres de los animales domésticos para garantizar que puedan seguir contando con el correspondiente suministro alimentario. Aparte de su labor conservacionista, los muladares cumplen una función crucial en la educación ambiental, pues permiten al público observar in situ a las grandes rapaces carroñeras ibéricas que se enseñorean en los cielos extremeños.

En el año 2009, comenzó la andadura del muladar de Descargamaría, en la cacereña Sierra de Gata, concretamente en la Reserva Biológica de Sierra de Gata, integrada en la Red de Muladares de Extremadura de la Dirección General de Patrimonio Cultural. El uso de este espacio es público, si bien su control se lleva a cabo a través de un agente autorizado. Se produjo para ello un convenio entre ADENEX, la Mancomunidad de Municipios de Sierra de Gata, el Ayuntamiento de Descargamaría y la Junta de Extremadura. El observatorio didáctico instalado en el muladar permite la observación a distancia con cámara, dentro del proyecto llevado a cabo por GREFA en su programa de reintroducción del buitre negro. El observatorio permite la contemplación de las aves carroñeras alimentándose y facilita, a su vez, la observación de otras especies de hábitos carroñeros como milanos y córvidos.

Desde que en 1975 se llevó a cabo la encuesta en Extremadura para determinar el estado de las poblaciones de buitres y alimoches en la región, se constata que también en la actualidad los principales problemas para la conservación de estas especies radican en la disponibilidad de carroña y el uso de venenos en el campo, con lo cual, la intervención en programas de recuperación, donde los muladares juegan un papel fundamental, son la clave para el mantenimiento de sus poblaciones. Que la población de una especie como el buitre negro, cuyo censo del 2013 en Extremadura arrojó una cifra de 897 parejas, esté garantizada, implica el mantener proyectos como el que aquí se presenta de forma sucinta.

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