Cerramos la temporada 2025 de Viajes Ambientales con un recorrido íntimo y entrañable por La Serena

La temporada 2025 de Viajes Ambientales de ADENEX llega a su fin, y lo hace de la mejor manera posible: con una salida pequeña, cuidada y profundamente cercana. Nuestro último viaje del año nos llevó al corazón de La Serena, uno de los paisajes más singulares de Extremadura, en una edición en la que este ha sido el único destino dentro de nuestra región.

Un grupo reducido de nueve participantes nos acompañó en esta propuesta, algo que ocurre de vez en cuando y que convierte la experiencia en una vivencia mucho más familiar, donde cada conversación, cada parada y cada encuentro cuentan.

 

Durante tres días recorrimos caminos históricos, horizontes de estepa, memoria viva y proyectos locales que sostienen el territorio. Y, como en cada viaje, lo hicimos de la mano de personas que comparten su conocimiento con cercanía, rigor y pasión.

La primera parada fue el santuario tartésico-ibérico de Cancho Roano, una joya única en la península por su estado de conservación y su aura de misterio. La visita guiada por Javier, a quien agradecemos nuevamente su profesionalidad y su manera de contar, nos permitió adentrarnos en las civilizaciones prerromanas que habitaron estas tierras. Su entusiasmo volvió a recordarnos por qué este lugar es uno de los tesoros arqueológicos más fascinantes de Extremadura.

 

Tras ello, nos recibió Zalamea de la Serena, con su mezcla de legado romano, arquitectura tradicional y resonancias literarias. Gracias a Jacinto, descubrimos rincones, historias y curiosidades sorprendentes, que nos dejaron con la sensación de que aún queda mucho por descubrir en este municipio que guarda identidad y memoria en cada esquina.

 

La tarde nos llevó hasta Puerto Mejoral y al Observatorio de Aves Francisco Carbajo, donde el paisaje se abre en capas de tonos dorados y se convierte en un lugar privilegiado para la observación de aves. Ya al caer el día, llegamos al hotel El Refugio de los Templarios, donde David nos acogió con la calidez de quien siente su tierra y la comparte con cariño. A pocos pasos, los Olmos de Cabeza del Buey, catalogados como árboles singulares, nos recordaron la importancia de conservar lo extraordinario desde lo cotidiano.

 

Después del alojamiento, Juanjo, concejal de Cabeza del Buey y miembro muy querido de la familia de ADENEX, nos acompañó hasta el Santuario de Nuestra Señora de Belén, un espacio declarado Bien de Interés Cultural que destaca por sus pinturas murales de gran viveza, auténticas joyas populares que envuelven la nave en escenas cargadas de simbolismo y color.

 

El templo conserva ese aire sobrio, antiguo y sorprendentemente expresivo, donde cada trazo habla de la fe y la creatividad de generaciones pasadas. Gracias a la mirada cercana y afectuosa de Juanjo, la visita se convirtió en un momento íntimo, lleno de detalles que solo quien conoce profundamente este lugar puede transmitir.

La mañana siguiente nos regaló un recorrido panorámico por los paisajes de La Serena, un mosaico donde conviven la estepa cerealista y la dehesa, hogar de especies emblemáticas que pudimos observar en diferentes paradas estratégicas.

 

Uno de los momentos más especiales de la jornada llegó de la mano de Antonio, de Quesos Reborto, que nos abrió las puertas de su proyecto local, un ejemplo de emprendimiento rural que pone en valor el territorio. Entre bosque mediterráneo, una antigua trinchera de la Guerra Civil y la visita a la cueva y la zona de afinado, disfrutamos de una experiencia completa que culminó con una cata de quesos artesanos. Su conocimiento y compromiso con su pueblo nos inspiraron profundamente.

La tarde nos llevó al Cerro Masatrigo, esa montaña mágica que emerge en mitad del embalse de La Serena, un icono natural que nunca deja indiferente. Allí la luz del invierno nos regaló una de las estampas más bellas del viaje.

 

El último día viajamos hasta Castuera, territorio de quesos, turrones e historia. Visitamos el Museo del Turrón, ubicado en una antigua fábrica de harina, donde conocimos la importancia
cultural y gastronómica de un producto que forma parte de la identidad serona.

Antes del regreso, hicimos una última parada en el Yacimiento de Hijovejo, que puso el cierre perfecto a un viaje lleno de patrimonio, paisaje y aprendizaje.

A todas las personas que se sumaron a esta última aventura de 2025: gracias. A quienes nos guiaron, nos abrieron sus puertas y compartieron con nosotros su saber, gracias por hacer del territorio un lugar vivo y acogedor.

Muy pronto presentaremos el programa de destinos primavera-verano, una nueva propuesta para seguir recorriendo paisajes, historias y proyectos que cuidan la tierra y a las personas.

La Serena nos ha recordado, una vez más, que Extremadura es un lugar donde aún queda mucho por descubrir… y que hacerlo en buena compañía lo cambia todo.

 

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