EL PARQUE NACIONAL DE CABAÑEROS ABRIÓ LA TEMPORADA DE OTOÑO DE VIAJES AMBIENTALES

Entre el 24 y el 26 de septiembre, un grupo de personas socias y simpatizantes de ADENEX emprendimos un viaje muy especial al Parque Nacional de Cabañeros, uno de los grandes tesoros naturales de la Península Ibérica. Tres días llenos de naturaleza, convivencia y momentos que nos recuerdan por qué nos gusta viajar juntos.
Nuestra aventura comenzó con la llegada a Horcajo de los Montes, en pleno corazón del parque. Tras instalarnos en el Hotel Parque Cabañeros, nos adentramos en el Centro de Visitantes, donde una exposición interactiva nos permitió conocer los ecosistemas que conforman este espacio protegido a lo largo de las estaciones. Gracias a las explicaciones de los guías, descubrimos la riqueza de la flora, la fauna y las tradiciones locales que han dado forma al paisaje.

La primera noche nos esperaba una bonita experiencia: una sesión de astroturismo con Mónica, de Las 7 Cabrillas. Bajo un cielo completamente despejado, nos guió para reconocer constelaciones, planetas y las historias que esconden las estrellas. El silencio del entorno y la inmensidad del firmamento crearon un ambiente mágico con la Vía Láctea como telón de fondo.

El segundo día nos llevó a explorar algunos de los rincones más emblemáticos de Cabañeros. Comenzamos con un paseo hasta la ermita de Nuestra Señora de Guadalupe, desde donde pudimos disfrutar de unas panorámicas espectaculares de los montes circundantes. No faltó quien se arrancara a cantar y bailar: "Virgen de Guadalupe dame y la mano...". Continuamos hasta el área recreativa de Torre de Abraham, donde, de la mano de Roi, recorrimos la senda botánico-fluvial sobre pasarelas de madera, observando la vegetación de ribera y el monte mediterráneo que caracteriza la comarca.


Tras un merecido almuerzo, nos dirigimos a Casa Palillos, donde un itinerario interpretativo nos desveló los secretos ecológicos, geológicos y paisajísticos de este enclave. La jornada culminó con una emocionante ruta en 4x4 por el interior del parque, guiados por Darío y Ángel, que nos mostraron rincones de difícil acceso y nos hablaron de la fauna, la fauna, la historia y las costumbres de este espacio declarado Reserva de la Biosfera desde 1981. La experiencia, envuelta por el sonido vibrante de la berrea en su apogeo, nos dejó con ganas de seguir explorando, pero la llegada de la noche nos recordó que era hora de volver al hotel.

El último día emprendimos la esperada ruta guiada al Boquerón de Estena, acompañados por Tamara, quien nos condujo a través de los márgenes del río. Allí descubrimos la convivencia de especies vegetales mediterráneas con otras de carácter más norteño, como los tejos y los abedules, además de formaciones geológicas singulares y fósiles marinos que nos transportaron a tiempos remotos, cuando estas tierras estaban cubiertas por el mar.

Más allá de los paisajes, lo que hizo especial este viaje fue el ambiente del grupo. Como es habitual en las actividades de ADENEX, la convivencia fue cercana y cálida: compartimos risas, anécdotas y conversaciones que fortalecen el espíritu de familia que tanto valoramos. Cada actividad se convirtió en una oportunidad para aprender y disfrutar juntos, demostrando que los viajes ambientales no solo conectan con la naturaleza, sino también entre las personas.
Agradecemos de corazón el trabajo y la dedicación de los guías que nos acompañaron: Darío, Ángel, Roi y Tamara, así como a Mónica de Las 7 Cabrillas, cuya pasión por el cielo nocturno hizo de la primera noche un recuerdo imborrable. Gracias a ellos y al entusiasmo de todos los participantes, regresamos con la sensación de haber vivido un viaje que refleja la esencia de ADENEX: naturaleza, cultura, convivencia y compromiso.