OTOÑO MÁGICO EN EL PARQUE NATURAL DE URBASA-ANDÍA

Entre el 3 y el 7 de noviembre, un grupo de personas socias y simpatizantes de ADENEX emprendimos un viaje al norte peninsular para descubrir los secretos del Parque Natural de Urbasa-Andía, en Navarra. Han sido unos días en los que la naturaleza nos envolvió en su plenitud otoñal: bosques teñidos de rojos, ocres y dorados, nieblas que danzaban entre las hayas, y ese aire fresco y limpio que solo el otoño navarro sabe ofrecer.
El recorrido comenzó con un alto en el Cerrato palentino, donde visitamos las impresionantes bodegas excavadas de Baltanás y el Museo del Cerrato. Tras la parada cultural y gastronómica, continuamos nuestro camino hacia Navarra, con la ilusión puesta en los parajes del norte.
El primer día en tierras navarras nos adentramos en el universo rural de Lacturale, un centro de interpretación dedicado al ganado vacuno de leche. Allí aprendimos el proceso que hay detrás de un simple vaso de leche y conocimos el esfuerzo y los valores del trabajo ganadero sostenible.
Esa misma tarde, realizamos la ruta de los Robles Milenarios de Etxarri-Aranatz, un recorrido que nos transportó a otro tiempo. Entre caminos cubiertos de hojas y la luz dorada del atardecer, descubrimos robles majestuosos. Sus troncos retorcidos y su porte imponente son testigos silenciosos de siglos de historia natural y humana. Pasear entre ellos fue una experiencia profundamente conmovedora: una lección viva sobre la resiliencia de los bosques y la importancia de proteger estos monumentos naturales que conectan pasado y presente.
Pero sin duda, el momento más esperado llegó con la ruta al Nacedero del Urederra, una de las joyas naturales más emblemáticas de Navarra. Guiados por Koldo Villalba, el mejor guía de naturaleza de la región —y un auténtico apasionado de su tierra—, nos adentramos en un sendero que parecía sacado de un cuento. El río Urederra (“agua hermosa” en euskera) nos regaló su espectáculo de cascadas y pozas turquesas, mientras el hayedo, vestido con todos los tonos del otoño, formaba un techo dorado bajo el que caminamos en silencio y asombro. Koldo supo transmitirnos su conocimiento y su amor por la naturaleza con esa mezcla de sabiduría, humor y respeto que lo caracteriza. Gracias a él, cada piedra, cada hoja y cada brizna de musgo adquirieron un nuevo significado.

El viaje continuó con la visita al Monasterio de Iranzu, joya cisterciense escondida entre montañas, donde el silencio del claustro parecía dialogar con el rumor del bosque. Y al día siguiente, nos esperaba otra experiencia inolvidable: la ruta por el Hayedo Encantado y el Balcón de Pilatos. Allí, entre árboles cubiertos de musgo y raíces retorcidas, sentimos la magia de los bosques viejos, esos espacios donde la naturaleza se expresa libremente. Desde el mirador, a más de 300 metros de altura, contemplamos el valle de las Améscoas en todo su esplendor, una panorámica que nos dejó sin palabras.
Terminaba el día con una parada en Puente la Reina, con su emblemático puente románico del Camino de Santiago, emprendimos el regreso con el corazón lleno y la memoria repleta de momentos compartidos.
Más allá de los paisajes y las rutas, este viaje fue también un encuentro humano. El grupo de ADENEX que participó en la experiencia disfrutó de una convivencia ejemplar: risas en el autobús, charlas durante las comidas, canciones improvisadas y una complicidad que fue creciendo día tras día. La naturaleza, como siempre, sirvió de punto de unión y nos recordó por qué hacemos lo que hacemos: para conocer, proteger y amar nuestro entorno.
Volvemos de Urbasa-Andía con la certeza de que los bosques otoñales de Navarra quedarán grabados para siempre en nuestra memoria. Gracias a Koldo Villalba por su entrega y conocimiento, y a todas las personas participantes por mantener vivo el espíritu de ADENEX: viajar de forma sostenible, aprender de la naturaleza y fortalecer los lazos que nos unen como comunidad comprometida con la naturaleza.
